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Mirada luciérnaga activó tus sensores, 
                           despertó mi sentido                            
                          de brújula pertenencia.

 Un día el cielo espeso quiebra el espejo de los egos
y sucede que -carajo, sucede que- tus ojos,                                        
                                                         parecen un
                                                         eclipse roto.
Viento Zonda como un tajo en la cara y
despierta mi sentido nativo;
lloré cada ataque, madrepacha
me vacié de colonia cuando
el sol nuevo tejió el cielo tuyo.
Y entonces respiré Tilcara
y ahora te lloro, pero camino.

Nicolás

Quise buscar una manera de decirte cosas que en realidad ya sabés. Pensé en Julio. Después me di cuenta de que tenía las palabras en la lengua. Y escupí cursilería. 

Mis días se salvaron la noche que Buena Vista,
que mi cabeza y la tuya y la luz de una estufa nueva
conspiraron.
 En la alfombra te dije que sos una utopía inconsciente
lo escupí;
lo expliqué cuando miraste sin entender
(yo tampoco sabía)
entonces busqué la respuesta, la ví concreta:
había querido decir que  las grietas entre mis acciones y actos
empezaban a llenarse con materia nueva:
un papel y un lápiz consumido (pero tan vivo en tu mano al verte escribir),
la ternura fumada en pipa de vidrio,
sábanas nuevas por mi visita.
Todos indicios de la utopía
nunca construída por mis mil cabezas,
sentencias de la perpetuidad divina
que implica querer ver cómo te arrugás dentro de cien años.
Es eso: verte, de lejos, de cerca, siempre buscarte en cualquier cosa.
Y es que mi buena suerte se resume en
encontrarte en la búsqueda azarosa:
los puntos aleatorios siguen convergiendo sin ser orientados,
su libertad sigue poniéndote en la alfombra
y mi cabeza
tu cabeza
la estufa
el lápiz que nos escribe.
Me ahogué en mi propia savia bruta sin saber nadarme.
Ahora me salvo; ahora me sumerjo, me inundo;
esa es la incoherencia con la que camino mi tiempo.
Desiertos son los ríos que deberían brotar para sanar y
darle paso al caudal de mi savia bruta.
(salvarme en la superficie, ahogarme, nadar, sumergirme)

Mamarracho

Pienso que sos una especie de dios azteca (no como los españoles malditos). Y en el segundo siguiente, cuando cachivacheas, creo que estás naciendo (no como el sol, que es una estrella sobrevalorada e inconstante) y que haces nacer, que le das paso a algo que nunca iba a caminar. Y con vos siempre es de noche.

Caudal de contraluz

Caleidoscopiarte es tu acto multiplicado.

No existen secuencias, el todo uniforme,
           la imitación que empieza a brotar .


Las palabras son pocas o no definen,
                                no alcanzan ni limitan,

                                              no significan;
        proyectarme en mis espejos es

                  tus actos
       perpetuos,
                                          lumínicos,
            reflejándose como caudal y torrente
     que desborda y nunca agota,

es redundancia divina irrigando mi cuerpo.

San Juan durmiendo

Te salpican de noche los astros que nadan tu espalda; bailan oriundos del Mandala testigo de tu cuerpo. El contraste circular como un tajo de luz de lámpara real. La apago y mi centro converge en la pureza, ahora muda.
 Busco la idea que
me convierta en sombra gerundia
viajando la pared de arterias desgarradas que
brotan sangre abecedaria.

Pero el ventilador rueda ánimos anónimos que
renuncian al descanso que
recorta la luz en mis hombros y cuello desnudos.

Sidney Bechet se consume en mi escritura,
en mis dolores de cabeza,
en la epilepsia de mis ideas que no contrastan:
de ellas no nacen sombras gerundias
y yo que sigo buscando porque
me brota la sangre abecedaria.

Encuentro

Resigno parte de lo que

con mi palabra

ensucio


Casi creyendo que

mi mensaje se acopla

a mi poesía cadavérica


La tergiversación necesaria,

el acuerdo tácito del lenguaje que

se consume

apenas me pronuncio en

un sin-sentido,

eco de la forma virgen


(el origen orgánico:)

Mi lengua envuelve

una sola palabra,

la que me anula y

nunca

se termina de vaciar


Enumerar mil metáforas

de los ritos diarios,

cauterizar

la incógnita que

rebalsa desde otro lugar


En la traducción de

los sentidos

me empapo con

tu contexto receptor y

renuncio a

la definición del equilibrio cobarde,

a los eslabones de la retórica

atándome desde otro lado.


Abandono la contundencia y

me descoso


en un mismo acto.

(Desplegadas

las cosas

ocupan más espacio)


Me despego de

lo concreto para

atravesar

la página en blanco.


Por el mensaje perdido pero,

la lengua viva

(el idioma inventándose y

la palabra que se

aproxima),


vale la pena resignar

hasta

la desertificación de

las ideas.
quiero descontracturar mi vista panorámica,
los bloques de concreto.
Concreto qué si todo es ambiguo,
me disocio omnisciente
donde el aire es pesado
y todo es sombra de,
,,,,,,,,,,,,,,,,,,   eco de

suceden mis actos en tercera persona
se traducen simultáneos,
toda opción la vivo y no,
la elijo y no.

Palermo-Napoli II


(Cuando la luna estaba naranja)

Es como de golpe aparecerme en una historia que se de memoria. Es tranquila y la se de memoria. Cómo no saberla si yo me escribo fuera de mí, me reconozco en vista panorámica, por poco tiempo, para caer en una viñeta común. Es la mía y me siento ajena. Es que siempre necesito sumergirme en este mar que me devuelve pura y desorientada.
Los escucho hablar, es otro idioma. Te juro que escucho repetir palabras que no entiendo. Se que es un vaivén entre mi reflejo y la cosa, pero ya no reconozco el espejo.
El pelo no me deja en paz y el barco hace un ruido terrible. Debo ser una linda imagen para ver: a veces me encantaría verme desde afuera y ver que cumplo los caprichos de lo-que-me-gustaría ser. Pero no soy sólo reflejo, me lo juro. En todo caso prefiero desdibujarme en constantes laberínticas para ser ninguna y todas las cosas. Creo que pierdo cuando me defino (y me encuentro cuando me pierdo). Quizás otro tendría que definirme y así podría ser miles siempre, pero no creo creer en otro si todavía no tracé el contorno, no esbocé límites; si todavía no me hice cargo de un yo.

Palermo-Napoli I


Creo que debería serle fiel a las palabras auque no sean mías, aunque de todos. Vaciarme de versos, llenarme los poros: escribo descartando combinaciones para quedarme con poesía condensada en una tarde, en el movimiento de mi mano, en los gestos de la humedad. Es que escribo para dejar de usar palabras y hacer de una vez por todas: poesía. ¿El poeta es entonces espectador? Debería atravesar las palabras sin usarlas ni conocerlas. Darme cuenta de que son medio de vida, pero medio y no destino.

Agrigento


La sentencia claustrofóbica
Que nace en lo abierto.
Morir encerrado, conocerse a partir de
La resonancia de una voz ajena,
A través
Del método-espejo que un día quiebra de golpe.

Taormina


Mi naturaleza corrompida
Se deshoja en el intento por encajarse
En la cotidianeidad artificial.
Cada cosa se desabre por volver
Al origen impuro que traza
La constante caída de la sombra.
En la oscuridad sólo puedo verme.
La luz promete posibilidades que confunden
La llegada al origen puro: el que se construye.

Si se aburre la palabra que sueltan las lenguas vivas del poeta muerto, ¿cómo se tolera el eco gris que vuelve ausentes las ideas enmarañadas que esperan ser traducidas? Se escapa, se evitan preguntas de campo abierto, se acierta sólo con interrogantes caseros, muertos.

Borrador


Resigno parte de
lo que con mi palabra ensucio,
              casi creyendo que
mi mensaje avanza
quebrando las barreras inconscientes
          de tu contexto receptor.

(Pero mi idea no busca romper conmigo,
                                                  con vos)


Lo que con mi palabra encauso,
                                    aproximo
se empapa con tus leyes.
Se completa. Se extingue.

(Renuncio a la definición:)

Por la mezcla del intento
   vale la pena  resignar
hasta la desertificación de
                            las ideas.
La pregunta, eslabones de la retórica atándome al otro lado,
sostienen mi equilibrio cobarde.

Mi respuesta: dejarme caer. 
en la tergiversación
de la palabra antes de metamorfosear en lenguaje tácito
no necesito mirarme si me pronuncio en cada palabra

no necesito ningún reflejo si me alimento en lo intangible
Encontrás tu lugar en la mueca, quiero decir que estás en el segundo anterior a la risa, quiero decir que sos el motivo
guiarte los pasos al sin-sentido, que son eco de una charla espontánea, de una forma virgen, de la palabra antes de significar . el significado se curte, la forma se arruga y entonces aparece tu palabra y treinta pasos más lejos del sin-sentido