Mostrando entradas con la etiqueta monólogos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta monólogos. Mostrar todas las entradas

Monólogo III

Creía en todo ese día y fue tan insoportable darme cuenta de lo hereje que había sido todo ese tiempo, no lo aguanté.
-No sabía que era creyente...
-Hablo de traicionar al pasto, las piernas de una mujer, mi oreja izquierda o la fruta madura.
-Comprendo y no lo comparto.
-Usted nunca compartió nada, por eso terminó como terminó.
-¡Jamás terminé! Vaya a cantarle a esas mujeres del espectáculo, hágame el favor...
-Yo le canto a todo después de ese día, ojalá hubiese sido como Whitman.
-Ah, un estúpido.
-Un valiente.
-¡Dególlese con una hoja de afeitar y conozca el valor! Somníferos...por favor.
 -Es un método demasiado rápido, creo que usted fue y es un cobarde que se viste de valiente, Salgari.
-Y usted está muriendo lenta y anónimamente, Pavese.

Monólogo II

Sin embargo, yo creo que las conversaciones empezadas son algo interesante...Escuchá. Dos mesas más atrás, una señora gorda con un perfume terrible...Seguramente de esas que ejercitan todos los días la resignación pero que todavía lloran en los casamientos y rezan en los entierros: '...y si Dios quiere el lunes me pagan lo del último mes, aunque Dios no está con muchas ganas de nada últimamente...' A eso le sigue una risa que rompe con la tensión porque hay que tener valor para declarar acá, donde todo el mundo escucha y  huele, que dios lo tiene a uno abandonado. Es como te digo...mirá la pareja que está al lado de la puerta. ¿Qué hacen en un lugar como este? Arruinan el contexto... o quizás lo vuelven más interesante. De cualquier manera, no puedo escuchar lo que dicen y a vos no te interesa. No sé cómo haces para desentenderte de todo esto, vos también sos parte de esta recreación...No, no...no estoy diciendo que todo esto no esté pasando de verdad, pero esto no es la verdad. Es un intento. La mujer intenta resignarse para sentirse aliviada -cuando uno se resigna ya no tiene nada que perder, pero consigue que le tengamos pena. La pareja intenta avanzar en la pirámide social, es decir, sí, se quieren pero se están usando. Por favor, él no se puso ese traje para ella: camina al lado de ella para conseguir o justificar ese traje. Yo estoy mirando y me gusta pensar que estoy en algún lugar paralelo, pero después me doy cuenta de que no. Soy el elemento que le da un título y una forma a todo esto. El dueño del circo, la madama, el sueldo de la gorda...

Monólogo I

No me alcanza para algo más lindo y la minita se queja...y que se yo son cuatro paredes y media porque a una la hizo mierda la humedad, para mi está bien.
A la mañana dejo los guantes y las zapatillas en la ventana para que a la noche no estén húmedos, eso lo aprendí viendo la pared esa que se cae de a cachos. Además yo soy un tipo muy limpio: guantes blancos, las zapatillas las cambio una vez por año y si me va bien me alquilo el cuarto este casi todos los días. Mi viejo me dijo toda su vida que los guantes blancos eran de puto, que parecía una trola que de noche se sacaba las botas esas con taco viste, y se las ponía en las manos. Está bien, yo lo entiendo al viejo. Nos entendíamos bien, conocíamos el límite. Bueno que se yo, sí, un par de veces lo cagué a piñas...pero era cuando yo tomaba, cuando había dejado de pelear todas las semanas. Ganaba y pum, me la tomaba toda la guita. Después conocí a Vivi y me voló la cabeza. Largué todo. La pelea, el faso, las putas, todo...te digo que todo. ¡Hasta garpaba el boleto boludo! Y bueno la forra después se enamoró de un putito que trabaja en la administración del tren. Viste, garpo boleto y me bajan a mi mujer. Porque era mi mujer y seguro todavía piensa en mí la hija de puta, estoy seguro. Que se yo...me dejó porque decía que yo era un violento y no viste, la verdad que no, pero cuando te rompen los huevos con que el jabón tiene pelos, con que buscate un laburo, hablá bien, no te cagues en el cine...¡aguantá loca! Hasta la llevaba al cine, era mi reina. Pero la puta me dejó un día que me fuí de mambo y le dí una piña a la pared. La que estaba hecha pelota, entonces la cosa se empezó como a desarmar y yo con la mano rota... esa noche no me dejaron pelear por no sé qué pelotudez de seguridad, todos forros.
Un pájaro me cagó un guante, no los dejo más en la ventana y más vale que esta burguesa pelotuda cierre el culo con que el cuarto está sucio porque hoy mismo lo tiro todo abajo y, ahí sí que no peleo nunca más.